Las retrogradaciones de Venus son realmente fascinantes. Desde la Antigüedad este proceso ha sido observado con atención y asombro: el brillante lucero del atardecer desaparece, “muere” dentro del resplandor del Sol y regresa como lucero de la mañana. Esta dualidad también tuvo una expresión divina: en Mesopotamia, el planeta Venus estaba asociado con Inanna —llamada Ishtar en la tradición acadia—, diosa del amor y la sexualidad, pero también de la guerra. La historia de Venus encierra, por tanto, una complejidad que va mucho más allá de la belleza y...
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