La calma se ha convertido en algo bastante raro, infrecuente. Muchos de nosotros vivimos con una sensación constante de urgencia, preocupación o tensión. Lo primero que hacemos ni bien despertamos es revisar el teléfono. Saltamos de una tarea a otra. Pensamos en lo que nos falta hacer mientras estamos en algo diferente. Hacemos scrolling compulsivamente para bajar un poco la tensión. Incluso durante los momentos de descanso, una parte de nuestra mente sigue funcionando en un cierto estado de alerta e inquietud. El asunto es que solemos normalizar...
Crea tu cuenta para leer el artículo completo.



















































